Cuentos

Miércoles, 19 de Agosto de 2009

Cuando una estrella cae.

 

                        A Yoel Silverio, con todo el amor

 

de una muchacha y su estrella.

                                                                            

 

Había una vez una muchacha; pasaba ya los treinta y cinco, edad para la cual ya no le quedaba bien según dictamen de los “expertos” aquella denominación. Pero ella, más allá o más acá de los “expertos”, se sentía toda una muchacha. Tenía dos hijos y era tan seria y responsable como no sería capaz de serlo sin dudas una muchacha. Aún así ella se sentía muchacha.

En fin, aquella muchacha que no era muchacha pero era muchacha se encontró un día una estrella caída en el centro del parque sin luz del pequeño pueblo donde vivía y se la guardó en el bolsis delicados cuidados que recibía fue dejando a cada instante un poco de  gracia sobre la muchacha que no siendo muchacha lo era, y sobre su mejor amigo. De modo que ambos comenzaron a sentir como una fuerza que los hacía diferentes. Una fuerza que los hacía ver mucho más allá del horizonte, escuchar en el silencio y estar despiertos en el sueño. Las pupilas comenzaron a crecerles. Y tanto crecieron sus pupilas que cuando se miraban cada uno podía ver en el interior del otro sin esfuerzo alguno y las palabras casi que comenzaron a sobrar… (fragmento)

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